RETORNANDO AL ORDEN
Por: Buddy Cobb
Génesis 2:7, “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” El aliento de vida que fue impartido a Adán fue el Espíritu de Dios. Esto es lo que hizo de él un alma viviente. Mientras no poseamos al Espíritu de Dios no tenemos vida en nosotros. No hay nada distinto que nos pueda dar vida. Cuando ministramos en el Espíritu Santo, se imparte vida si nosotros lo recibimos. No solo se imparte vida a nuestro espíritu, sino también a nuestra alma.
Dios ha ordenado el universo. Él a ordenado nuestro tiempo en la tierra. El orden de Dios es que, mientras nosotros caminamos en el Espíritu, vivimos, pero cuando caminamos en la carne morimos. No podemos cambiar esa orden. Podemos beneficiarnos entendiéndola.
Una vez Dios sopló aliento de vida en Adán. Le permitió a Adán saber que habría algo que le causaría perder esa vida. Dios ha hecho a la muerte, como la paga por el pecado.
Cuando Dios, en el principio, trajo al pueblo en una relación con Él, Él los trajo en un orden, esa orden era el orden Levítico. Bajo esa orden la provisión de Dios era la letra de la Palabra. El Padre les enseñó que la letra de la Palabra nunca les daría vida.
Cuando Dios puso de manifiesto a la Iglesia del Nuevo Testamento, El no nos hizo ministros competentes de la letra; Él nos hizo ministros del Espíritu, porque, bajo este Nuevo Testamento, estamos bajo un nuevo orden. Ya no estamos bajo el orden Levítico, ahora, estamos bajo el orden de Melquisedec. Cuando existe un cambio de sacerdocio, es decir un cambio en como el pueblo adora a Dios, entonces debe existir un cambio de orden. Antes el pueblo adoraba a Dios en la letra de la Palabra, ahora, nosotros adoramos a Dios en espíritu y en verdad. [Jn. 4:23-24]
Dios se ha asegurado, que si Él no nos enseña, aún cuando sepamos la verdad, nosotros no podremos impartirlo para alguien más. Dios debe realizar la enseñanza. Él es la luz, y la luz que está en nosotros realmente es oscuridad. Nosotros no podemos comprender la verdad a menos que tengamos la verdad morando en nosotros.
La verdad no es ningún conocimiento, la verdad no es creer determinadas doctrinas, la verdad es una persona. La verdad es el Señor Jesucristo. Dios simplemente no está interesado en impartirnos conocimiento, de modo que conozcamos la verdad aparte de Él. La verdad es Él, por eso la Escritura no dice ‘mas a todos los que recibieron la verdad’ mas bien dice ‘mas a todos los que Le recibieron’ [Juan 1:12]. Si nosotros no lo tenemos, entonces no tenemos la luz para ver la verdad y entenderla, mucho menos para caminar en la verdad. Nosotros podemos saber la verdad y no caminarla; la Biblia llama a eso ‘detener con injusticia la verdad’ [Romanos 1:18]. No sólo es un asunto de saber la verdad, es una cuestión de caminar en la verdad. Juan 13:17 dice: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” Nosotros debemos entrar en la obediencia por fe, debemos caminar por fe. La fe viene por el oír; a quien usted está escuchando para obedecer, define a quien va a servir.
Dios nunca ha querido imponer su gobierno a la fuerza sobre nosotros, mas bien, es el gobierno del maligno que quiere forzar su gobierno a la fuerza sobre todas las personas. Dios no fuerza su reinado en nosotros, pero Él quiere ejercer nuestros sentidos para discernir o distinguir la diferencia entre el bien y el mal, para que podamos hacer una elección de libre albedrío basada en este conocimiento del bien y del mal. Dios no hace responsables a las personas por cosas que hacen en la ignorancia. Hechos 17:30 dice: “Pero, Dios habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” Si no nos arrepentimos, entonces pereceremos.
Un ejemplo de esta inversión es el siguiente: “Pero quiero que sepias que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” [1 Corintios 11:3]. Si usted pone al revés el orden, la mujer va a la cabeza, sobre el varón. Eso es lo que sucedió en el huerto del Edén. Cuando usted pone al revés el orden divino, usted se supedita bajo el gobierno incorrecto y perece. ¿Por qué alguien elegiría someterse a la mujer en lugar del varón? Isaías 4:1, “Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio.” Nos gusta seleccionar la clase de pan que nos agrada comer y las prendas de vestir que traeremos puesto.
Los judíos pensaron que todo lo que necesitaban era la prenda adecuada; pensaron que si tuviesen prendas de vestir de justicia por fuera, entonces todo estaría bien, pero Jesús les dijo, que en el interior ellos estaban llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia [Mateo 23:27]. Ellos no tenían vida porque no hubo un impartir del Espíritu. Sólo había un compartir de la letra de la Palabra.
Para ayudarnos a entender la situación; Dios emplea los últimos seis mil años para ejercer nuestros sentidos a fin de que percibamos la diferencia entre el bien y el mal, de modo que aprendamos a elegir el bien y negarnos al mal. Cuando elegimos el bien, estamos eligiendo a Dios, porque no hay nadie bueno, solo Dios. Los pasos del hombre de bien son ordenados por Dios. Todo lo que no es de Dios es malo, es pecado, e iniquidad. Nosotros estamos negándonos a todo lo que no es de Dios, cuando nos negamos al mal.
Génesis 1:26, “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;...” El propósito de Dios es la perfección del hombre. La única cosa que nos puede llevar a la perfección es venir y permanecer bajo el gobierno de Dios. Jesús fue nuestro ejemplo, Él nos mostró el camino. El primer Adán nos mostró el camino de la destrucción, el último Adán nos mostró el camino a la perfección. La perfección es lograda con la resurrección, para estar en la resurrección, debemos ser plantados en la misma muerte que Jesús fue plantado. Romanos 6:5, “Porque si fuimos plantados con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.”
Dios empezó con Adán, lo formó del polvo de la tierra, sopló en su nariz el aliento de vida y el hombre llegó a ser un alma viviente. En el momento que llegó a ser un alma viviente, el hombre estaba listo para ser probado, para ver lo que había en su corazón. ¿Qué clase de corazón Dios le dio? Usted no habría sabido si Adán permanecía bajo el gobierno de Dios. Cuando él salió del gobierno de Dios, y la vergüenza de su desnudez se mostró, nosotros descubrimos la clase de corazón que en él estaba. Mientras permanecemos bajo el gobierno de Dios, estamos cubiertos y lo que nosotros somos en realidad no es visto y cuando usted nos ve en esta posición, usted ve la naturaleza divina manifestándose, y si alguna vez salimos de la cobertura del Espíritu de Dios, entonces usted verá lo que nosotros somos en realidad. A medida que el tiempo transcurría en el huerto del Edén, Dios sacó a la mujer del hombre. Dios quiso que seamos capaces de examinar esto, tal como lo haríamos en un experimento del laboratorio. Nosotros vemos lo que constituye el todo y como lo uno y lo otro se relacionan. Cada uno de nosotros somos una parte de este experimento en el laboratorio de la tierra. Dios quiere diferenciar el alma del espíritu, Él quiere examinar los pensamientos y las intenciones del corazón
Dios nos quiere instruir, porque no sabemos nada de nosotros mismos; no sabemos nada como debiéramos saber, por lo tanto no debiéramos juzgar nada antes de tiempo. Aún no hemos visto el fin de las cosas. El principio no dice sobre el fin. Es solo el fin de las cosas, que tiene importancia. Debemos reservar el juicio hasta que lleguemos al final. Podemos juzgar demasiado pronto y podemos estar equivocados en nuestro juicio. La mejor cosa que podemos hacer es confiar en Dios.
Después que Dios formó al hombre, “[Él] plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. 9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.” [Génesis 2:8-9]. Había tres tipos de árboles descritos para nosotros. El primer árbol era agradable a la vista y bueno para comer, esa es la representación cuando caminamos en el espíritu; el segundo árbol era el árbol de la vida y esa es la representación cuando estamos en la vida de resurrección. El tercer árbol era el árbol del cual no debemos participar, el árbol de la ciencia del bien y del mal.
Dios no pretendió que el hombre alguna vez tuviera la habilidad en sí mismo para distinguir la diferencia entre el bien y el mal. Debemos escuchar Su voz cada día para ser librados de hacer el juicio por nosotros mismos, de hacer nuestra propia voluntad. Cuando hacemos el juicio por nosotros mismos, no pensamos que necesitamos ser enseñados porque pensamos que ya sabemos. El conocimiento envanece a las personas y puede inducirnos a creer que podemos permanecer firmes cuando debiéramos tomar cuidado, no sea que caigamos.
Para hallarnos en el camino correcto con Él, Dios tiene que depositar Su naturaleza divina en nosotros. Una vez que ocurre, y empezamos a caminar en esa naturaleza divina, “… como Él es, así somos nosotros en este mundo.” [1 Juan 4:17]. Para estar en el mundo como Él es, debemos negarnos a nosotros mismos y aceptar la unión con sus padecimientos y no optar por el deseo de nuestra carne o de nuestros pensamientos, pero si hacer la voluntad de Dios. Dios quiere que nosotros entendamos que nosotros somos como si alguna vez nos desconectáramos de Él. Cuando caminamos con Él y nosotros pecamos, es porque nos hemos desconectado de Él, y lo que somos se manifiesta, en vez de lo que Él es.
Acostumbré a pensar que Dios quiso que nosotros acudamos bajo Su autoridad a fin de que podamos gozar de todos los beneficios de vida allí. Ahora veo que Él nos hizo para Sí mismo. Dios quiere transformarnos en una habitación santa para Él, a fin de que Él nos pueda llenar con toda su plenitud. Entonces al fin, Dios será todo en todos. Necesitamos ser conscientes de Él y obedecer Su voz. Si nosotros no lo hacemos, nos podemos eliminar a nosotros mismos de ser parte del pueblo de Dios. Podemos ser una piedra puesta a prueba que ha sido rechazada porque hemos sido encontrados reprobados en la fe.
Dios ha establecido la vida y muerte para nosotros. Hay dos tipos de vida que podemos vivir y hay dos tipos de muerte en las cuales podemos morir. Si nos desconectamos de Dios, entonces podemos vivir en nosotros mismos en vez de vivir en Dios. Podemos estar en busca de realizar nuestra voluntad, nuestros propósitos, nuestras aspiraciones, y nuestras agendas. Desde el momento que nos separamos de Dios y andamos en nuestro camino, caminamos por el camino del maligno. Dios ha contado los días del malvado.
El justo camina en el plan de Dios. Cumplen Su voluntad y su propósito por crearlos. Mientras permanecemos en la voluntad y el propósito de Dios, aunque morimos en la muerte del justo, ese no es el fin del propósito. Proverbios 14:32, “Por su maldad será lanzado el impío; mas el justo en su muerte tiene esperanza.” El justo tiene esperanza que vivirá nuevamente. Cuando él muere, él se va, ha tomar parte del reino de Dios. No hay esperanza en la muerte del malvado.
Cuando una persona se aparta de Dios, es evidencia de incredulidad. La incredulidad está cuando depositamos nuestra confianza en nuestra propia sabiduría y en nuestra propia manera de ver las cosas, luego basado en esto juzgamos. Dios no quiere que nosotros hagamos cualquier juicio de forma individual porque nunca lo haremos correctamente. En Juan 5:30, Jesús dijo, “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.” Suena como un lenguaje engañoso excepto por el hecho que tenemos por entendido que Él no juzgó a cualquier hombre, porque Él sólo habló lo que el Padre le permitió hablar. Cuando Él habló lo que Dios le dijo que hable, Él supo que estaba en lo correcto.
En Mateo 11:29-30, Jesús dijo, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.” Si continuamos en la dirección que Él nos enseña, entonces sabremos la verdad y la verdad nos hará libres del engaño. Si no creemos en la verdad, entonces creemos en la mentira. La Escritura advierte que el engaño será predominante en los últimos días. A quién oímos para creer, determinamos la forma como caminaremos, a lo que nos comprometeremos, y a lo que abrazaremos como la verdad. Nadie nos puede hacer ver que estamos en el error. Aun Jesús no podía ayudar a los escribas y a los fariseos cuando abrazaban lo que pensaron era la verdad. Él no les podía ayudar a ver que estaban en el error. De hecho, ellos juzgaron que Él era el único que estaba en el error y dijeron que Él tenía demonio. Jesús no fue aceptado muy bien en el mundo. Él no fue aceptado tan bien en la casa de Sus amigos. Debemos ser parte en Sus sufrimientos si deseamos reinar con Él en gloria. [Ro.8:17; 1 P. 2:21] La trayectoria en el cual estamos no es introducirnos en la tierra de gloria ahora mismo. En este momento, el curso es la prueba de nuestra fe.
Dios también tiene dos tipos de enseñanza. La primera tiene lugar en el aula y luego en la práctica. ¡No es eso maravilloso, que con Dios usted pueda experimentar, puede resultar muerto, y Él puede levantarlo otra vez! Dios supo que en la carrera de este experimento Él nos dejaría hacer lo imposible en la muerte y entonces Él mostraría que Él es un Dios que puede levantar a los muertos. Si alguna vez sorberemos la muerte en victoria y permaneceremos fuera de la muerte, entonces debemos aprender la diferencia entre el bien y el mal. Debemos aprender como escoger el bien y como negarnos al mal. Si alguna vez lograremos eso, bien, entonces debemos permanecer con el Maestro. Debemos tomar Su yugo sobre nosotros y debemos aprender de Él. Adán se quitó el yugo. Hay libertad dondequiera que el Espíritu del Señor está. El yugo es voluntario. Si no nos gusta el yugo, entonces nos lo podemos quitar completamente. Dios supo que Adán se quitaría el yugo. Dios ya tuvo el plan antes de la fundación del mundo; Adán fallaría y Jesús tendría éxito. El primer Adán nos traicionaría, pero el último Adán nos redimiría de la experiencia pasada. Todo fue parte del plan de Dios. Él quiso que nosotros tengamos la experiencia en el primer Adán y después Él quiso que nosotros tengamos la experiencia en el último Adán. Primero lo natural, luego lo espiritual. Así es como Él ejercita nuestros sentidos para discernir la diferencia entre el bien y el mal.
Cuando el hombre se desconecta de Dios, él se une a sí mismo para la carne. “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.” [Génesis 6:3]. Este número es un número espiritual en la Escritura y significa el fin de la carne. El fin de la carne es cuando la iglesia realiza la transición fuera de la carne, ingresando al Espíritu en el día de Pentecostés. La caída del hombre marchaba fuera del Espíritu y dentro de la carne. Él se quedó sin la naturaleza divina, ahora solo contaba con la naturaleza humana. Una vez que él desobedeció a Dios, el Espíritu de Dios en él fue apagado. Eso ocurrió a fin de que podamos ver que somos similares separados de Dios.
La prueba de nuestra fe es probarle nuestra fidelidad a Él que nos ha llamado a Su servicio. Uno de los primeros Mandamientos fue, “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” [Deuteronomio 6:4-5]. Muchos cristianos creen que Dios está aquí para servirles. La forma del malvado está cabeza abajo. Dios no está aquí para servirnos, pero estamos aquí para servirle. Dios es bueno, pero Él es bueno al justo y al injusto. Él da la lluvia y la luz del sol a ambos. El propósito de separar a las personas para Sí mismo es para tener vasijas a través de quienes Él pueda expresar Su naturaleza divina en el mundo.
La voz de Dios es la última voz que la mayoría de las personas quieren oír. Cuando Dios tuvo a Su pueblo en el Monte de Sinaí, tuvieron miedo de oír Su voz porque no quisieron venir bajo Su autoridad. Ésta es una lucha de poder en la que nos encontramos involucrados. El expediente del pueblo de Dios es que son duros de cerviz y se resisten al Espíritu Santo. Nosotros nos resistimos a someternos a la autoridad de Dios. ¿Dada la elección entre ser un gobernante o un sirviente, cuál preferiríamos ser? He volado como el copiloto y he volado como el capitán. Ser el capitán es mejor. Cuando fui un copiloto, mi meta era complacer al capitán. Cuando me convertí en un capitán, hice las cosas a mi manera porque pensé que mi forma era mejor. Hacemos las cosas a nuestra manera porque pensamos que nuestro procedimiento es mejor y nosotros confiamos en nuestra sabiduría y no en Dios.
Los años del hombre eran contados a 120. Moisés murió al borde de la edad de 120, y hubo 120 en el aposento alto en el día de Pentecostés cuando la iglesia hizo la transición fuera de la carne y en el Espíritu por primera vez.
En Génesis capítulo 6, el hombre estaba fuera de la cobertura del Espíritu de Dios y podía verse lo que él era. “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” [Génesis 6:5]. “Porque [el hombre] cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” [Proverbios 23:7]. Cada pensamiento en su corazón era pecaminoso. Con la excepción de Dios, no somos capaces de un buen pensamiento. Por esto cada pensamiento debe ser llevado a cautividad en la obediencia de Cristo.
La primera manifestación de ese mal corazón fue la incredulidad. Hebreos 3:12, “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.” Una vez que usted tiene su corazón con mal de incredulidad, usted se desconecta de Dios porque usted ya no cree que realmente necesite estar bajo Su autoridad para caminar bien y saber la verdad. Una vez que usted se ha desligado de Dios, usted no teme posesionarse de su propio camino. El impedimento que Dios proporciona para librarnos de tomar esa actitud está en Ezequiel 18:4, “El alma que pecare esa morirá.” La mayoría de la gente cree que pueden pecar y pueden salirse con la suya. Usted puede pecar durante algún tiempo y le puede parecer salirse con la suya, debido a la gran paciencia de Dios, pero Él nos da una advertencia. “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre.” [Génesis 6:3].
Cuando Dios traiga Su reino en la Tierra, la lucha de poderes se acabará. Él doblegará todas las cosas bajo Sus pies y habrá paz en la Tierra y buena voluntad hacia hombre. Hasta que Dios haga eso, no habrá paz. Hasta entonces, habrá lucha de poderes; nación contra nación, hermano contra hermano, religión contra la religión. Cuando el gobierno correcto no domina, la violencia está a la orden del día. La contienda y la división son la manifestación de la carnalidad. Eso continuará hasta que todos nosotros nos sometamos al gobierno de Dios.
Dios todavía no nos ha hecho como Él. Seremos hechos como Él en la resurrección. Usted no puede ser hecho como Él hasta que usted sea engendrado por Él. Cada semilla nace de su propio tipo, así no podemos ser semejantes a Dios hasta que seamos nacidos de Dios.
Antes que Jesús viniera al mundo, todo el mundo estaba bajo el poder del pecado. Las buenas noticias son que ahora podemos dejar de servir al pecado y servir a Dios. Cuando servimos a Dios, habrá fruto. El fruto es santidad. El fin de la santidad es vida eterna. Debemos ser santos, del mismo modo que Él es santo. Debemos ser justos, al igual que Él es justo. El diablo y sus ángeles están afuera, por ahí, como ángeles de luz, pregonando un tipo diferente de justicia y poniendo de manifiesto otro evangelio y otro Jesús. Ese evangelio no exige mucho y no le costará su vida para servirlo.
Israel retrocedió ante Dios cuando tuvieron la oportunidad en el Monte Sinaí porque supieron que nadie podría venir bajo la autoridad de Dios y continuar ‘viviendo su propia vida’. Usted no puede someterse a la autoridad de alguien más y pueda salirse con la suya.
Él nos ha traído una gran distancia. Muchos de nosotros hemos estado juntos por más de 30 años. No intercambiaría nada por esta jornada, mas no quiero incumplir el rumbo. Queremos realizar nuestro llamado y nuestra elección segura. No podemos hacer eso aparte de Dios. Debemos colaborar con Dios. Él debe ser el jefe. Él debe ser quien nos dirija. Él es el pastor y nosotros somos las ovejas. Debemos oír Su voz y le debemos obedecer.
¿Queremos supeditarnos a Su autoridad? ¿Queremos ser parte de lo que Él está orquestando? La mayoría de la gente no quiere, porque los conduce a la persecución. 2 Timoteo 3:12, “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
Los judíos estaban molestos con Jesús porque Él no estaba de acuerdo con ellos. Él no los podría convencer que Él estaba en lo correcto. Pensaron que estaban en lo correcto, basados en lo que creyeron y en su historia con Dios, mas no se basaron en su obediencia para Dios, que era lo primordial. Romanos 10:3, “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.” Ellos se servían a sí mismos. Seremos víctimas de este mismo defecto si no lo percibimos y lo corregimos. Esa imperfección sirve a la criatura en vez del Creador.
Dios nos ha llamado para ser Sus testigos. Él no ha revelado quienes somos para el resto del mundo. Somos desconocidos en el mundo. Él no reveló a Jesús cuando estuvo en el mundo. Él era desconocido para el mundo. Juan 1:10-11, “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero no le conoció. 11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” Fácilmente podríamos obtener un rechazo, sin embargo Jesús estuvo seguro porque Él supo que Su Padre le amó. Él estuvo seguro en el conocimiento del amor del Padre hacia Él. Él supo que Su amor hacia el Padre era lo que estaba en prueba.
El Hijo se humilló bajo la mano poderosa de Dios y el Padre le ha exaltado. Cada rodilla se doblará y cada lengua confesará que Jesús es El Señor. Nosotros todos haremos eso, tarde o temprano, pero es mejor que lo hagamos más pronto, en vez de más tarde. Debemos captar esto tan rápido como sea posible porque el tiempo es corto. Debemos llevar el testimonio de Jesús en vez del nuestro. Somos llamados a mostrar quién es Él. Dios no quiere que sea revelado quienes somos nosotros, hasta que Él nos cambie, de modo que la vergüenza de nuestra desnudez nunca quede descubierto.
Nuestra responsabilidad es morir diariamente de tal manera que lo que somos no se vea, pero lo que es Él se vea. Ya no es tiempo para que sigamos vivos, salvo Cristo que vive en nosotros. Podemos proclamar toda clase de cosas acerca de como estamos en Él, pero ese no debe ser nuestro testimonio. Si Su vida está siendo vivida en nosotros, entonces la evidencia es que no estamos viviendo nuestra vida.
Podemos engañar a las personas, pero no podemos engañar a Dios. Él sabe qué vida vivimos. Él sabe nuestros pensamientos. Podemos parecer buenos para los hombres y no ser buenos. Por otra parte, podríamos ver a algunas personas cometer malas acciones, pero antes que estén fuera del propósito, serán la justicia de Dios. Dios puede rescatar a cualquiera, de lo que sea que pudieron haber hecho, y llevarlos a arrepentirse y volverlos a Él. El cambio de sentido es quién rige, bajo cuyo gobierno estamos, y cuyas palabras pronunciamos.
Apocalipsis 11:8, “Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.” Sodoma y Egipto representan un sistema religioso que el pueblo de Dios estuvo involucrado en el momento en que Dios trajo juicio. Ese sistema religioso fue un dilema para elegir caminar en la obediencia a Dios. Una inversión del orden o degradación del orden ha ocurrido en el sistema enteramente religioso. La mujer ha cometido fornicación con todos los reyes de la Tierra. [Apocalipsis 17 y 18]. Eso es una inversión del orden. La inversión del orden nunca produce vida.
Pablo nos dijo el orden correcto en 1 Corintios 11:3, “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” Cuando usted pone al revés esta orden divina de gobierno, usted no hace salir a Cristo del orden porque Él está a pesar de esto sometido a Dios, sino que es el hombre el que no está sometido a Cristo. No le podemos sacar en la trasgresión con nosotros; por lo tanto si salimos de Cristo heredamos trasgresión. Estamos en Cristo cuando estamos en el Espíritu. Cuando estamos en la carne, no estamos en Cristo. 1 Corintios 15:45, “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” Ambos hombres están en la familia de Dios. El primer Adán está catalogado como un “hijo” de Dios y el último Adán está catalogado como un “Hijo” de Dios. Esto no es algo que ocurra fuera de la casa de Dios. Hay dos hijos en el mismo grupo familiar, uno es carnal y el otro es espiritual. Dios muestra ese patrón hasta el final a través de la Escritura mediante Caín y Abel, con Ismael e Isaac, y con Esaú y Jacob. El espiritual es el que será el heredero y no el carnal. El carnal está siempre en enemistad con lo espiritual.
Usted encuentra cizaña y trigo creciendo uno al lado del otro en el reino de Dios. Jesús no dijo salgan y traten de escoger la cizaña. No necesitamos intentar poner en orden a todo el mundo. Nosotros solo necesitamos caminar en sumisión. Debemos buscar primero el reino de Dios y Su justicia. Él tendrá cuidado de la cizaña y el trigo. Dios no desea que cualquiera deba perecer. Él da a todo el mundo un tiempo, a cambio Él ha ordenado arrepentirse. Necesitamos parar para dar lugar a Dios en nuestras vidas y empezar a reconocer a Dios como Dios. Jesús dijo, “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” [Lucas 6:46].
He descubierto que el día de salvación no es el día Su retorno (que es lo que la mayoría de la iglesia cree). La Biblia nos dice que, “He aquí ahora el tiempo aceptable, he aquí ahora el día de salvación.” [2 Corintios 6:2]. Él no viene de regreso por una iglesia que necesita ser salvada. Él regresa por una iglesia que es hallada en Él. Si somos encontrados en Él, entonces no seremos encontrados en el pecado porque en Él no hay pecado. La forma para salir el pecado es dejar de servirlo [Ro. 6:17; 8:13]. Usted se compenetra en Él sirviéndole. Es asunto de elección, en este mismo día, a quién serviremos. Conscientemente no decimos, 'voy a servir al pecado', pero hacemos lo que hemos tenido intención de hacer, y no llamamos a eso pecado.
Dios ha esperado hasta el fin de esta edad para revelar el misterio de iniquidad. Dios ha hecho a dos Adanes. 1 Corintios 15:45-48, “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. 46Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. 48Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.” Debemos identificar en cuál hombre estamos. Todas las maldiciones, los problemas, y las plagas están en el primer Adán, no en el último Adán. El primer Adán nunca hace lo santo y el último Adán nunca peca. Dios nos da a elegir para estar en cualquiera de los dos hombres.
Hay un testimonio de un hijo de bendición de Dios. Es el mismo testimonio que Jesús tuvo cuando Él estaba en el mundo. 1 Corintios 15:48, “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.” El comportamiento de estos dos hombres nunca cambia. Si usted está dentro del terrenal, entonces usted es siempre carnal y carnal. Si usted está en el otro hombre, entonces usted está siempre del área celestial. Esto es lo que Jesús dijo: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.” [Mateo 12:33]. Usted no puede tener una mixtura. Usted es ya sea bueno o usted es malo. El uno siempre hace el bien y el otro hombre siempre hace el mal. Si estamos haciendo el mal, entonces estamos en ese hombre que hace el mal. Si hacemos el bien, entonces debemos estar en ese hombre que hace el bien. En uno servimos al pecado, y en el otro servimos a Dios.
1 Corintios 15:49, “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” Los malvados nunca cambian, ellos simplemente continúan haciendo maldad. Los justos continúan haciendo justicia. Esta es la manera cómo se conoce el uno del otro. Proverbios 20:11, “Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta.”
Jesús explica para nosotros la única evidencia que podemos confiar para ser evidencia verdadera de quién somos y lo que somos. Juan 5:30-34, “No puedo yo hacer nada por mi mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. 31Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. 33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.”
Juan 5:35-36, “El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en la luz. 36Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.” Las obras daban testimonio que Él era de Dios. Él estaba haciendo lo que el Padre le enseñó a hacer y Él se mantenía a Sí mismo bajo la autoridad de Dios.
Cuando Jesús estaba aquí, Él estaba haciendo las obras de Dios. Creemos en eso ahora porque hemos sido enseñados, pero no muchas personas que vivían en el día de Jesús creyeron que Él estaba haciendo las obras de Dios. Algunos dijeron que Él tuvo demonio, los otros dijeron que Él fue un buen hombre, y alguien dijo, ‘¿Cómo este hombre puede hacer estas cosas a menos que Dios esté con Él?’ Hubo confusión. No había un concepto concertado acerca de Él, pero hubo bastante juicio acerca de Él. Todo el mundo conocerá quién es Jesús, pero todo el mundo no lo sabe aún porque Dios todavía no lo ha manifestado. El mundo entero está gimiendo y está de parto por la manifestación de los hijos de Dios porque no saben quiénes son ahora. Dios todavía no los ha manifestado porque Él aún no ha concluido Su obra en nosotros. Él está todavía juntando esa compañía y tomándolos mediante la prueba de su fe para ver si harán su llamado y su elección segura o si venderán su primogenitura por un bocado de carne para satisfacer su alma.
Creo que estamos en la hora cuando Dios está enviando un llamado al despertar y sonido de alarma en Su Monte Santo. Debemos despertar porque abunda el engaño en los últimos días. Recibimos una advertencia acerca de lo que serán las cosas en los últimos días y que necesitamos ser cuidadosos en verificar si estaremos listos cuando el Señor regrese. 1 Juan 3:2-4, Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 4Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.”
Jesús aclaró que Él no vino a destruir la ley, sino que Él vino para cumplir la ley. Él dijo que Juan el bautista era el fin de la ley y los profetas. Desde esa vez, si un hombre quiere caminar en la justicia, él necesita oír la voz del Hijo de Dios. Quienquiera que se rehúse a oír la voz del Hijo de Dios será cortado completamente de ser parte del pueblo de Dios. Por esto Jesús lloró sobre Jerusalén y dijo, “... ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! 35He aquí, vuestra casa os es dejada desierta;” [Lucas 13:34-35]. Ellos no vendrían bajo Su autoridad. No tuvieron inconveniente en servirle en la letra de la palabra, pero no quisieron servirle en el Espíritu.
Jesús fue enviado para librarnos de nuestros pecados. La iglesia ha estado convencida por un evangelio falso. Muchos creen que Él vino justamente a perdonarlos a ellos de sus pecados y no para librarlos de sus pecados. A ellos les ha sido dicho que Dios hizo una provisión en Jesús a fin de que podrían continuar pecando y aún estar bien con Dios. Creen que es imposible que ellos paren de pecar y que nadie es perfecto. El mismo propósito de Dios fue sacarnos de la ley e introducirnos en el Espíritu a fin de que Él nos pueda llevarnos a la perfección. Somos perfectos y completos en Él y en Él no hay pecado.
1 Juan 3:6, “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.” Solí tener un problema con esta cita bíblica porque no vi la diferencia entre el primer Adán y el último Adán. El pecado y la iniquidad nos separan de Él y por eso no le podemos ver y no le podemos conocer mientras estamos en el hombre de pecado.
Cuando nací de nuevo, primeramente fui a una iglesia Metodista. Hablaron sobre el anticristo como un gran hombre de pecado que nacería en el fin de la edad, saliendo del oriente. Haría muchas cosas malvadas. ¡Yo nunca soñé que aquel era yo! Este hombre de pecado hace sus cosas en el templo de Dios, y cada uno de nosotros somos el templo de Dios. Dios nos debe despertar de otro modo siempre nos proyectaremos a cosas sueltas en algún lugar sobre el camino o a alguna parte allá afuera al exterior y no darnos cuenta que está en nosotros.
Esto es un misterio. El hombre de pecado será revelado en el templo de Dios al final de los tiempos. Esto es algo que tiene que ocurrir antes de que el día de Cristo pueda venir. Cuando El Señor venga, Él entrará en Su templo. Él no puede entrar en el templo si el hombre de pecado esta operando allí. Quienquiera que peca no le ha visto a Él ni lo conoce porque el hombre de pecado es el que está gobernando en el templo.
Somos el templo de Dios. Dios tomó este pacto del Nuevo Testamento para traer a las personas a una relación de pacto con Él donde podían ser el templo. La primera compañía de personas que Dios separó además de Abraham fue sólo una sombra de la compañía espiritual que Él sacaría a través de Jesús. Una vez que Jesús vino al mundo, entonces el templo de Dios podía empezar a construirse porque la primera piedra fue colocada. Entonces allí pudieron estar los apóstoles, los profetas, los evangelistas, los pastores, y maestros. El fundamento del templo tiene muchas piedras preciosas. Dios no había comenzado a construir Su casa hasta que Él trajo la Primera Piedra. Desde entonces, Él ha estado perfeccionando cada piedra que estará dentro este edificio.
1 Pedro 2:5, “Vosotros también como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” Efesios 2:21-22, “En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” Sin embargo, el día de Cristo no puede venir, esto es, Dios no puede ser revelado en Su templo, hasta que el hombre de pecado esté fuera. Aquí es donde Dios revela el misterio de iniquidad. Solí preguntarme que era tan misterioso acerca de la iniquidad. Pensé que era bastante simple. Pensé que era uno que desdeña la orden de Dios y hace su propia voluntad. Hace poco, creo que El Señor me ha dado más visión relacionado a este misterio.
¿Qué es tan misterioso en el misterio de iniquidad? Está en el hecho que el hombre de pecado está ungido. El no viene detrás de algún don. El tiene fe para poder quitar las montañas. Él entiende toda ciencia y todos los misterios. Él puede hablar en las lenguas de los hombres y la de los ángeles. Sin embargo, él está desprovisto de algo. Él está desprovisto de amor. El amor es inherente en la naturaleza divina de Dios. Podemos tener todos estos dones y ungidos funcionar en el templo de Dios, pero ya no debemos estar vivos, sino Cristo. Nosotros ya no debemos llevar testimonio de nosotros mismos, sino de Él. No debemos mostrar qué gran poder tenemos, sino que debemos mostrar Su justicia y Su amor. Cuando la mayoría de la gente ven Su amor, no se enamoran de él. El mundo le odió y el mundo nos odiará. Esto es lo que el mundo ha estado esperando, pero no lo saben. Cuando Dios se los revele, lo verán.
Él nos encontró, no le encontramos. No le buscábamos. Él nos escogió y desde entonces nos esforzamos en escogerlo durante mucho tiempo y nosotros todavía tenemos que hacer eso. Cuando venimos a las encrucijadas, debemos escoger si tomaremos nuestros principios o Sus principios. ¿Continuaremos hasta el fin o nos desplomaremos en el fragor de la prueba y de la aflicción?
El gran misterio que Dios descubrirá es cuando Él revele lo que ha estado escondido. Es impresionante cuando las personas andan con gran fe para quitar montañas y pueden hablar en lenguas de hombres y de ángeles. Es impresionante cuando tienen la unción para expulsar demonios y sanar a los enfermos y hacen obras poderosas en el nombre de Jesús. Pero, nosotros no los conocemos por sus dones. Los conocemos por sus frutos. La primera cosa en la lista de los frutos del Espíritu es amor. Si el amor no está allí, entonces la naturaleza divina está ausente. El amor nunca busca su propio beneficio; siempre busca el bien del otro. Juan 15:13, “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”
El día del Señor está cerca y cuando venga oiremos una voz que dirá: ‘el Tiempo no es más’. Eso quiere decir que aún habrá mas espacio de tiempo sin embargo Dios dará fin a esto y absolutamente todo será segado, directamente donde se encuentre. Si usted es justo, usted seguirá siendo justo. Si usted es impío, usted seguirá siendo impío. Será demasiado tarde para tratar de lograr hacer cualquier cosa. Será demasiado tarde para tratar de salir y comprar el aceite para conservar su lámpara ardiendo. Dios suena la alarma. Él hace sonar un sonido muy cierto con la trompeta. Mateo 13:16, “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.”
El misterio de iniquidad funciona en el templo y él opera como una persona ungida. Esto es lo que engañará a las personas. No debemos ser engañados. Mateo 7:13, “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.” No creo que en este verso Él hable de la gente del mundo. Creo que Él habla de la gente que Él ha llamado. La gente en el mundo no tiene la elección para ir por la puerta estrecha. Sólo nosotros, a quienes Dios ha dado Su espíritu tenemos la elección. Él no pone en juicio a la gente del mundo aún, porque el juicio comienza en Su casa.
Mateo 7:14, “Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” Si la deseamos encontrar, debemos buscarla. La vida está en el Hijo de Dios. “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” [1 Juan 5:12]. Para tener al Hijo de Dios, el Hijo de Dios nos debe tener porque Él es Señor y nosotros debemos estar bajo Su autoridad.
Pueda Dios ayudarnos a oír Su voz hoy. Pongamos nuestra confianza en Jesús y ya no vayamos tras nuestros procedimientos. No debemos estar en la región religiosa donde existe un poderoso ungimiento para hacer grandes cosas en el nombre de Jesús, y en donde también carecen de sumisión y obediencia. No podemos exaltar la fe por encima de la obediencia y determinar el asunto por “lo que creemos” en lugar de “en quién creemos”. En lo que creemos podemos ser encontrados afuera, preguntémonos. En quien creemos, queda en evidencia observando nuestra conducta. “Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta.” [Proverbios 20:11].
Sabemos que Dios tiene un remanente. Él tuvo a 7000 que nunca se inclinaron ante Baal. Oremos para que podamos estar en medio de la compañía de aquellos que no se arrodillarán ante Baal, a fin de que Su nombre pueda ser glorificado en nosotros y que podamos ser glorificados en Él.
Este mensaje fue dado en Bowen’s Mill, Octubre de 2001.
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