miércoles, 23 de mayo de 2012

LA GLORIA DE LA TRIBULACION

LA GLORIA DE LA TRIBULACIÓN.
Por Sam Fife

Apocalipsis 2:
7. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dicte a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.:
11.... El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.
17.... Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.
26. Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.
Apocalipsis 3:5
5. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
12. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él. El nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.
21. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
Zacarías 13::
7. Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos.
8. Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; más la tercera quedará en ella.
9. Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.:
Hace unos meses el Espíritu del Señor comenzó a tratar conmigo y a revelarme una verdad la cual, como me hizo saber, es una de las verdades más importantes para el pueblo de Dios en esta hora que sólo por conocer esta verdad será preparado para enfrentar lo que viene sobre él en la tierra en este fin del siglo. El Señor me dijo que empezara a ministrar un mensaje a Su pueblo sobre esta verdad, y lo he ministrado en varios sitios; un mensaje intitulado, “La Gloria de la Tribulación”. Ahora notarán que no dije un mensaje intitulado, “Gloriándose en la Tribulación”, sino “La Gloria de Tribulación”.
La verdad acerca de gloriarse en la tribulación no es una verdad nueva para nosotros en el movimiento de Dios de los últimos tiempos. Hace algunos años Dios nos comenzó a ministrar que tendríamos que llegar al punto donde podríamos gloriarnos en nuestras tribulaciones; y durante varios años muchos de nosotros hemos procurado llegar a ese punto. Pero Dios me ha enseñado que nos en muy difícil gloriarnos en la tribulación a no ser que dejemos al Espíritu de Dios darnos una revelación de la gloria de la tribulación. Es cosa muy difícil para el pueblo de Dios entender que la tribulación tiene siquiera algo de gloria. Muy pocos han visto que la Palabra de Dios revela que Dios ha delegado a aquella experiencia de vida, llamada tribulación, una gloria que sobrepuja y es mayor que la gloria de cualquier otra experiencia de vida que pudiéramos tener en esta tierra o en el universo. Es porque el pueblo de Dios nunca ha recibido del Espíritu de Dios una revelación de la gloria que Dios ha delegado a esa experiencia de vida, llamada tribulación, que cuando la ve empezando a venir hacia él, quiere correr de ella, o encontrar alguna manera para esquivarla, ó algún hueco donde meter-se, a fin de escapar de ella, en vez de correr gozosamente hacia ella, sabiendo que es la provisión exacta y gloriosa que Dios ha hecho para que entre en la vida eterna, incorruptible.:
Cuando el pueblo de Dios comienza a ver, por revelación de la Palabra de Dios que cualquier prueba, cualquier tribulación que se le presenta en su vida, no importa cuán severa o cuán seria o cuán aparentemente terrible que sea, es la provisión de Dios más gloriosa para su vida que jamás podría experimentar. Entonces no retrocederán más , no se acobardarán mas, no buscarán más dónde correr para escapar de la prueba y de la tribulación, sino correrán gozosamente hacia ella aclamando como el Apóstol Pablo, “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza” (Ro. 5: 3-5):
La razón por la cual muy pocos del pueblo de Dios jamás han visto la gloria de la tribulación es porque todavía no han llegado a un entendimiento de la Palabra de Dios suficiente clara para ver que la Biblia aclara bien que es solamente a través de muchas tribulaciones que podemos entrar en el Reino de Dios (Hechos 14: 27), y que la Calzada de Tribulación es el único camino que Dios ha provisto para que entremos en la gloria y la vida eterna que nos son dadas en Cristo Jesús. Por eso, si la Calzada de la Tribulación es el camino a la gloria, entonces sin duda la tribulación ha de ser gloriosa. Si las experiencias de la Calzada de Tribulación son el único camino y medio posible que Dios ha provisto para nosotros a fin de que entremos en aquella gloria eterna que El ha ordenado para nosotros, entonces ciertamente tenemos que despertarnos y reconocer que la tribulación es la provisión más gloriosa que Dios ha hecho para la humanidad, y que cualesquiera de las pruebas, penas, tribulaciones que aparecen delante de nosotros en nuestra vida, son el medio, el camino, la calzada, por el cual Dios ha ordenado para que nosotros entremos en la gloria eterna que está preparada para nosotros; sin duda, entonces, aquellas experiencias deben ser las más gloriosas experiencias de vida que jamás podríamos tener.:
Cuando uno llega a entender y aceptar la verdad que se nos muestra en la Palabra de Dios, no puede haber ninguna duda en su mente de que la Biblia lo hace bastante claro que no hay manera posible para que entremos en la gloria eterna que Dios ha provisto para nosotros si no viajamos por la Calzada de Tribulación. El Apóstol Pablo escribió a la iglesia en su día, como relata el libro de los Hechos, y él afirmó muy claramente, “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Luego, en las siete cartas a las siete iglesias, Jesús, al revelar aquel camino de siete pasos que Dios ha provisto para que viajemos a fin de entrar en nuestra gloria, aclara bien que cada uno de los siete pasos de ese camino son simplemente siete pruebas grandes de tribulación y de vencer. Como Él dice siete veces: “Al que venciere...”, luego la séptima vez: “Al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su trono”.:
En esta gran revelación del camino de siete pasos que Dios ha puesto delante de nosotros, el cual es el camino a nuestra gloria, Jesús lo hace muy claro que cada paso es designado para llevarnos a la prueba suprema que probará, en ese nivel de nuestro crecimiento, cada onza de la fuerza de la vida nueva que ha sido producida en nosotros, y requerirá cada onza de esa vida nueva, para poder pasar aquella prueba y aquella tribulación, y que únicamente por enfrentar tales pruebas siete veces podemos entrar en la gloria eterna que Dios ha provisto para nosotros.:
Una de las Escrituras más importantes en la Palabra de Dios, que es la clave el propósito eterno que Dios está efectuando en nosotros en Cristo, es la que dice: “Un abismo llama a otro” (Sal. 42: 7). Por medio de nuestro nuevo nacimiento Dios ha implantado los abismos más profundos de Su propia persona y están muy dentro de nuestro espíritu. Muy adentro en las profundidades de la naturaleza de Cristo, que ha nacido en nuestro espíritu, está la verdadera omnipotencia de Dios mismo. En otras palabras, cada uno de nosotros quienes estamos en Cristo Jesús tiene el más profundo abismo de la omnipotencia de Dios dentro de nosotros. Pero, puesto que la omnipotencia se manifiesta únicamente por medio de probarse frente a la prueba y la lucha suprema, de consiguiente esta omnipotencia que ha sido implantada profundamente dentro de nosotros, y la naturaleza de Cristo que ha nacido en nosotros solamente puede producirse y manifestarse mediante prueba y tribulación que exige ese poder vencedor y absoluto de la omnipotencia que ha sido plantada en nosotros. Es por estas razones que la prueba y tribulación son los instrumentos que Dios ha provisto para poner de manifiesto aquella profundidad que es la omnipotencia de Dios por medio de nosotros como los hijos del Dios viviente.
Es por esta razón que Jesús lo pone muy claro que el camino de vencer, o la Calzada de la Tribulación, es el único camino por el cual podemos viajar para entrar en nuestra gloria. Por lo tanto es obvio a todos cuyos ojos están abiertos, que la tribulación es gloriosa; que, aunque pocos hombres carnales se dan cuenta de eso, tiene una gloria delegada a ella por Dios que sobrepuja todas las demás formas de gloría que los hombres puedan experimentar en este universo.
Nuestro pasaje bíblico en Zacarías 13 nos lleva a un entendimiento más profundo de este misterio, grande, aun más que los siete pasos de vencer, en Apocalipsis 2 y 3. Comienza cuando Dios habla por medio de Su profeta Zacarías pidiendo que venga la espada contra su propio pastor, diciendo, “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío”. Si no entendiéramos la verdad gloriosa pero misteriosa, que nuestro Dios se ha propuesto hacer cada paso del camino que andamos hacia la gloria eterna lo más difícil que podamos soportar para revelar la omnipotencia que está dentro de nosotros, nunca podríamos entender al Dios que se revela aquí en Zacarías 13. Nuestra mente natural preguntaría, “¿Qué clase de Dios pediría que la espada se levantara contra su propio pastor y contra el hombre compañero suyo?”.:
Si no entendiéramos la verdad gloriosa pero misteriosa, que solamente la lucha, la prueba, el vencer y la tribulación pueden producir la omnipotencia (y por esta causa Dios ha hecho que la Calzada de Tribulación sea nuestro camino a la gloria), nuestra mente natural buscaría e indagaría por siempre procurando entender porqué alguien pediría que la espada se levantara contra uno quien era el pastor fiel de sus ovejas y también su amigo más íntimo. Lo que se presenta aquí en este pasaje en Zacarías, es a Uno quien es Señor y Maestro sobre una granja de ovejas, y el cual tiene un pastor leal que se ha dado fielmente para vigilar las ovejas de su amo. No sólo eso, él es el amigo más íntimo y compañero de su amo, sin embargo, para asombro de la mente natural, oímos al Señor de esta gran granja de ovejas pidiendo que se levante la espada contra su pastor, y su amigo y su compañero. . Para los que tal vez no tengan el entendimiento del significado verdadero de este pasaje, tenemos que leer en los Evangelios donde dice que la noche en que Jesús fue arrestado, cuando El estaba a punto de entrar en el Huerto de Getsemaní, volviendo a Sus discípulos les dijo que dentro de poco, cuando venían para tomarle preso en Getsemaní, todos ellos se escandalizarían por causa de Él y se volverían y serían dispersados y huirían de Él. El dijo: “Porque escrito está: Heriré al pastor y las ovejas del rebaño serán dispersadas” (Mat. 26: 31), de esa manera revelando que la palabra escrita en Zacarías 13 estaba para cumplirse en El; y que cuando Dios habló mediante el profeta y dijo, “Hiere al pastor y las ovejas serán dispersadas”, El se refería a las heridas de Jesús mismo- Su propio Príncipe de los pastores y compañero en la cruz del Calvario.:
Por tanto, únicamente cuando tenemos entendimiento de la verdad misteriosa pero gloriosa que Dios ha designado y se ha propuesto hacer el camino por donde entramos en nuestra gloria un camino dificultoso (casi demasiado difícil para que lo aceptemos), podemos comprender porqué es que un Dios heriría a Su propio pastor y pediría que se levante la espada contra su amigo y compañero. Pero mientras seguimos caminando por la Calzada de Tribulación que se nos revela en esta escritura en Zacarías, se va de mal en peor. Porque este gran Señor de la granja de ovejas sigue diciendo que no solo herirá a su pastor y al hombre compañero suyo, sino que dispersará sus propias ovejas. Y otra vez tenemos que encararnos con la pregunta, “¿Qué clase de Dios no sólo heriría a su propio pastor sino también luego se volvería en contra de sus propias ovejas y comenzaría a confundirlas y dispersarlas?”y especialmente cuando entendemos que las ovejas mencionadas aquí se refieren a nosotros. A menudo, cuando hemos viajado por esta Calzada de Tribulación, ha sucedido a nosotros como aconteció a Pedro y, los discípulos aquella noche en el Huerto de Getsemaní. Después de pasar tres años con Jesús y ver la mano de la bendición y el poder de Dios sobre El en gran manera vez tras vez, de repente al ver a Jesús arrestado y llevado a la cruz, una corona de espinas puesta en su cabeza y su espalda azotada con el azote ensangrentado y ellos mismo dispersados y confundidos, se preguntan, “¿Qué ha sucedido? ¿Cómo es que cuando la mano de Dios ha estado tan poderosamente sobre Jesús durante todos estos tres años, y ha hecho tantos milagros grandes mediante El, parece que ahora no solamente Dios le ha desamparado, sino que trae su propia mano y pide que venga la espada contra El, El mismo?”. Así que fueron confundidos, dispersados, todos sus conceptos acerca de lo que Dios hacía, fueron traídos a la confusión y ya no estaban seguros que la mano de Dios estaba o con Jesús o con ellos, pero sencillamente eran ovejas confundidas, dispersadas, preguntándose a sí mismos, “¿Por qué es que Dios, quien ha sido de tanta bendición para nosotros hasta este punto, permitirá que todo esto suceda?”.:
Cuántas veces hemos llegado a ese lugar en nuestra propia experiencia, al viajar por la Calzada de Tribulación, porque no hemos entendido la verdad gloriosa pero misteriosa de que es el propósito de nuestro Padre hacer que nuestro camino a la gloria sea tan dificultoso que producirá y hará manifiesto la omnipotencia que está plantada dentro de nosotros. Por esta razón, cuando hemos venido a pruebas, tribulaciones y penas grandes, nosotros también hemos acabado confundidos y dispersados y preguntándonos, “¿Por qué es que nuestro Padre permite que sucedan tales cosas y por qué parece que la mano de Dios mismo está en contra de nosotros?” De modo que nosotros también hemos terminado en ser ovejas confundidas y dispersadas, no sabiendo que el propósito de todo. En la sabiduría de nuestro Padre, es que vengamos al lugar donde el camino es tan dificultoso, que lleguemos al fin de nosotros mismos, y nos demos cuenta que no podemos caminarlo en nuestra propia sabiduría y fuerza, y por lo tanto nos rendimos a Él en impotencia, para que la misma dificultad del camino manifieste en nosotros la omnipotencia, el poder vencedor que El ha plantado dentro de nosotros, en nuestro nuevo nacimiento. Porque aquello que El ha plantado dentro de nuestro hombre interior no puede manifestarse mientras estamos procurando andar por el camino, en la fuerza y sabiduría de nuestro hombre exterior.
Ahora, al continuar leyendo en Zacarías, parece que este Señor de la granja de ovejas hace el camino aun más confuso y dificultoso cuando le oímos decir no solamente “Hiere al pastor...y serán dispersadas las ovejas”, sino sigue diciendo, “y haré volver mi mano contra los pequeñitos”. Cuando llegamos a esto, nuestra mente carnal casi pregunta, “¿Cuán imposible se pondrá al seguir a Uno que herirá a su propio pastor y su amigo, dispersará a sus propias ovejas, y luego seguirá con hacer volver su mano contra los pequeñitos ... sobre los corderitos que está en su rebaño?”. Pero aun entonces cuando se pone casi increíble, le oímos seguir diciendo, “Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; más la tercera quedará en ella”.
Para uno al cual no le ha sido dado entendimiento por el Espíritu de Revelación acerca de la gloria de tribulación, al dejar a Dios revelarle la gloriosa verdad del propósito de Dios de hacer el camino tan dificultoso a fin de que la omnipotencia dentro de nosotros se produzca mediante prueba, ciertamente en este punto dejaría de seguir a semejante Dios. No sólo va a dispersar a sus propias ovejas, sino que hará volver su mano contra los pequeñitos de sus ovejas, los corderitos, por así decirlo, y cortar las dos terceras partes de Su rebaño, para que mueran.
Permíteme decir que antes de tener un entendimiento del propósito de Dios, en mi carnalidad leía esto y pensaba que las dos terceras partes a las cuales se refiere aquí son el pueblo perdido del mundo, y que no se refiere al pueblo de Dios. Yo estaba completamente dispuesto a aceptar la idea que Dios cortara las dos terceras partes de la población del mundo quienes habían rechazado a Cristo y eran los perdidos, y que los dejase morir, mientras yo mismo pudiera estar entre la tercera parte que quedaba. Pero sostuve un verdadero choque cuando el Espíritu de Dios me mostró que estas dos terceras partes aquí no tiene referencia al pueblo perdido del mundo, sino al pueblo de Dios, los cuales estarían todavía en el nivel de los pequeñitos. Porque en todo el pasaje, desde el tiempo cuando dice, “Levántate, oh espada, contra el pastor...” hasta que dice, serán dispersadas mis ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos", es obvio del contexto de las Escrituras, que El está hablando únicamente de su rebaño y que no tiene referencia al pueblo perdido.:
Luego, por supuesto, fui llevado cara a cara con el problema teológico sobre porque un Dios bueno, un Padre amante diría, “no solamente voy a herir a mi Pastor y dispersar mis ovejas, sino haré volver mi mano contra los pequeñitos y cortaré las dos terceras partes de ellas para que mueran”. No fue hasta que el Espíritu de Dios me reveló que el propósito final de Dios es producir mediante prueba y tribulación suprema, un grupo de Hijos de Dios vencedores, los cuales, por medio de enfrentar y vencer las pruebas y tribulaciones más severas, habrán manifestado la omnipotencia que El plantó dentro de ellos en su nuevo nacimiento, que tiene la respuesta a esta pregunta. Fue solamente entonces que el Espíritu de Revelación empezó a mostrarme que el hecho de cortar estas dos terceras partes de los pequeñitos fue una de las más grandes manifestaciones de la gracia y amor de Dios y provisión amorosa para Su pueblo que jamás ha sido revelada. Solamente se puede comprender esto al leer el renglón siguiente que dice, “Y meteré en el fuego a la tercera parte”. Únicamente por medio de este renglón el Espíritu de Revelación empezó a mostrarme que estas dos terceras partes que fueron cortarlas y murieron se refieren a aquellos Cristianos en este fin del siglo que Dios permitirá morir físicamente, o ser muertos e ir al cielo, para que el Señor trate con ellos allí, simplemente porque El sabe que ellos serán demasiado débiles para soportar la prueba ardiente por la que pasará la tercera parte que queda, a fin de salir como aquellos hijos de Dios, omnipotentes y vencedores, mediante los cuales el Señor reinará y regirá sobre esta tierra. De repente llegué a entender que los miles de Cristianos que estarán desprevenidos cuando el gobierno mundial de la Bestia ascienda al poder, por no estar andando lo suficiente cerca en el Espíritu como para oír la voz del Espíritu de Dios diciéndoles que salgan, y serán muertos en grandes cantidades, y que todo el asunto no es una tragedia grande, sino una manifestación de la provisión amorosa de Dios para ellos, a fin de llevarles a los reinos celestiales, porque El sabe que no serán capaces de enfrentarse con la prueba ardiente que vendrá a la tercera parte que queda.:
Uno no puede comprender esto hasta que entienda que el propósito de separar todos los débiles por medio de la dificultad del Camino, para que los que finalmente llegan al fin, serán únicamente los que se habrán demostrado como vencedores en todas las cosas, y de consiguiente se habrán probado como dignos de gobernar el mundo y el universo de Dios. Entonces al seguir, en Zacarías 13, esta Calzada de Tribulación hasta el fin, oímos a Dios decir en el versículo 9, “y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro”. Está en este punto que comenzamos a recibir una revelación del propósito de todo, y empezamos a ver la gloria que está en el final de esta Calzada de Tribulación. Al fin comenzamos a darnos cuenta que los que no pueden so-portar la final prueba ardiente que limpiará todo último vestigio de escoria y producirá en el fin sólo los que tienen forjados en ellos mediante los fuegos purificadores, el oro - la perfección - de Su propia naturaleza incorruptible, serán cortadas por el amor y la gracia de Dios.:
Notarán que la Palabra de Dios aquí revela dos pruebas grandes para la tercera parte que queda, y que revela dos grados de calor del fuego por el cual tiene que pasar. Porque al principio dice, “los fundiré como se funde la plata”, y después dice, “Los probaré como se prueba el oro”. Por supuesto todos sabemos que la única manera que se puede revelar la escoria que está escondida en la plata y el oro es por meter el fuego debajo, aplicando tanto calor que llegue al punto de derretirse, para que la escoria se encime y pueda ser despumada. Desde luego, todos también sabemos que se requiere un grado más alto de calor para traer el oro al punto de derretirse que en el caso de la plata. De consiguiente Dios revela que la tercera parte que queda será metida en los fuegos de prueba con calor que se compara a lo que se requiere para derretir la plata para que la escoria en ella se revele.
Luego, cuando han pasado aquella prueba habrá aun otro fuego puesto delante de ellos para traerles a un grado más alto de calor, lo que se requiere para llevar el oro al punto de derretirse a fin de que la escoria en ella se encime.
Cuando aplicamos estas metáforas naturales al misterio de Dios, en primer lugar debemos entender que la plata, cuando se usa en las Escrituras, (siendo el medio de cambio en esta tierra, que es un grado inferior al oro), es símbolo de la naturaleza de Cristo, y que es inferior solamente en un punto a la naturaleza incorruptible de Padre Dios. La naturaleza que Cristo tuvo cuando estuvo aquí fue una naturaleza que podía ser tentada, pero la naturaleza del Padre Dios es una naturaleza que no puede ser tentada. Por eso, lo que esto revela es que la tercera parte de nosotros que quedamos, cuando hemos crecido a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo y salimos como los Hijos Manifestados de Dios en la naturaleza de plata, la naturaleza de Cristo traída entonces a su estatura plena (como fue Jesús cuando salió en su ministerio de Hijo Manifestado) durante la tribulación, será traída a la prueba de fuego comparable al calor que se requiere para llevar la plata al punto donde se derrite, a fin de probarnos para ver si hay algo de escoria que se ha quedado en nuestra naturaleza de Cristo, o si en verdad toda la carne ha sido sacada, para que estemos manifestando solamente la naturaleza del Hijo.:
Pero cuando hemos pasado esa prueba, como hizo Jesús en su propio ministerio de Hijo Manifestado -- tentado por Satanás en el desierto para ver si él podía hacer manifestar en el Hijo algo de escoria; después tentado por el pueblo para permitirle hacer de El su rey terrenal; y pasando por todas las pruebas de la plata -- cuando había pasado todo y había llegado a una unión tal con Su Padre, fue que el oro se manifestó en El, entonces el calor fue levantado un poco más, y fue llevado a la prueba final de poner su misma vida para probar su obediencia a la voluntad de Su Padre hasta el sufrimiento de muerte; y el calor fue aplicado que puede llevar el oro al punto de derretirse. Fue así con nuestro Hijo Modelo y así será con nosotros. Cuando hayamos crecido a aquella estatura de Cristo donde Dios nos ha permitido ser tentados en el desierto, como lo fue Jesús; cuando el pueblo de Dios nos haya tentado y procurado casi apoderarse de nosotros y hacernos su rey terrenal por causa de la unción que está sobre nosotros, como hicieron a Jesús; y hayamos pasado todas las pruebas de plata del Hijo, entonces seremos finalmente llevados al punto donde el calor será subido, y el fuego que puede probar el oro será puesto delante de nosotros, y un gobierno mundial de la bestia nos traerá al punto donde seremos obligados a poner nuestras vidas, para probar que somos obedientes a la voluntad de nuestro Padre, hasta el sufrimiento de muerte.:
De modo que no solamente seremos fundidos como se funde la plata, sino seremos probados como se prueba el oro. El propósito de todo, por supuesto, será revelar si queda todavía en nosotros algo de la escoria de la naturaleza vieja, adámica, que necesita salir a la superficie y ser despumada. He visto, mediante mi propia experiencia en mis muchos años de andar con Dios, que como la escoria que está en el oro no se puede ver hasta que sea puesta en el fuego y el calor subido, de la misma manera las cosas que no son de Dios y de la naturaleza de Dios que están muy dentro de Su pueblo nunca se hacen manifiestas hasta que sean puestas bajo presión. Cuando todo anda bien, y el calor no está prendido, el pueblo de Dios puede manifestar las actitudes más dulces, tiernas, calmantes, parecidas a las de Cristo y de Dios, que jamás uno pudiera desear (sin embargo no son realmente una manifestación de la perfección de Dios). Pero cuando entran en el fuego y cuando se sube el calor, entonces hay aquella susceptibilidad a mal genio, traición, lascivia y todas las otras cosas que están escondidas muy adentro, que salen y comienzan a manifestarse. Me ha traído Dios hace mucho tiempo a la sabiduría de no fiarme de ninguno del pueblo de Dios -- no importa lo dulce o hermoso que parezca ser en el Espíritu -- hasta que haya estado en el fuego conmigo y yo haya visto cómo han soportado el fuego, fuegos de presión y prueba que vienen cuando verdaderamente nos ponemos en las primeras líneas de acción para cumplir el propósito de Dios.:
La Biblia relata que habían quienes creyeron cada palabra que Jesús predicaba, sin embargo no se fiaba de ellos, porque El sabía lo que aun estaba dentro de ellos. Esta verdad simple y desnuda está puesta delante de nosotros aquí, que Dios no se fiará de nosotros completamente hasta que hayamos pasado los fuegos supremos prueba y tribulación, que demuestran si únicamente el oro puro de Su propia naturaleza queda dentro de nosotros, o no:
Al terminar el versículo 9 de Zacarías 13 hallamos revelado, a nosotros el fin glorioso de la Calzada de Tribulación. Después de decir, "Y meteré en el fuego a la tercera parte y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro" luego Dios dice, “El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios”. Debemos tener un entendimiento claro acerca de las personas a las cuales se refiere Dios aquí. No son los pequeñitos, no son las dos terceras partes que fueron cortadas y murieron, pero solamente aquella tercera parte que quedó, que ha pasado la prueba suprema de ser fundidos como se funde la plata y probados como se prueba el oro, acerca de ellos dice Dios, “El invocará mi nombre, y yo le oiré”.:
Para comprender eso, uno tiene que entender la revelación que Dios nos ha dado en este fin del siglo, de que cuando se usa el término “nombre de Dios” o “nombre de Jesús” en la Palabra de Dios, no se refiere a la palabra “Jesús”, sino se está refiriendo a la naturaleza, porque el nombre es simbólico de la naturaleza. Por eso, cuando Dios dice que “El invocará mi nombre, y yo le oiré” quiere decir que invocará su propia naturaleza, perfecta, pura, incorruptible, inmortal que ha sido forjada dentro de ellos por medio de caminar por la Calzada de Tribulación, y al fin mediante el ser fundido como se funde la plata y probado como se prueba el oro. Es de estos que Dios dice, “Y diré: Pueblo mío; y él dirá, Jehová es mi Dios”:
De consiguiente, cuando vemos hasta el final de la Calzada de Tribulación, y de ese modo vemos la gloria que se ha de revelar, entendemos que la razón por la cual la Calzada de Tribulación es tan gloriosa es porque lo dificultoso del camino es designado por Dios para separar todos los temerosos, incrédulos y débiles, a fin de que los que llegan al final del camino se habrán manifestado en la naturaleza pura, perfecta, inmortal e incorruptible de Dios mismo.:
Los que entienden esta gran verdad en este fin del siglo ya no temblarán ni temerán, sino se regocijarán mientras oyen la voz de Dios llamándoles a una vida en el desierto de supremo sacrificio y prueba, se enfrentan a la temperatura de 55 grados bajo cero de Canadá o el calor de las selvas de Sudamérica. De repente entenderán la revelación que los que finalmente llegan al lugar desierto más adentro a donde Dios llevará a Su pueblo, estarán viviendo en el lugar y nivel de vida más glorioso que alguien jamás pudiera anhelar, porque allá en ese desierto escondido serán rodeados únicamente de aquellos que han pasado la prueba de ser fundidos como se funde la plata y probados como se prueba el oro. Por eso serán rodeados de la comunión más dulce, pura y perfecta >, porque la misma dificultad del Camino en la salida, incluyendo temperaturas de 55 grados bajo cero, habrán separado a todos los miedosos, todos los incrédulos, todos los. codiciosos, todos los que critican, todos los enfermos, todos los celosos, todos los débiles, para que los que moran alrededor de ellos sean los que manifiestan únicamente la pureza, la perfección y el amor de la naturaleza de Dios.:
Cuando uno empieza a entender esto, verdaderamente obtendrá un vislumbre de la gloria de tribulación. Se nos dice que la razón porqué no hay serpientes en el norte de Canadá es porque el frío las mata. La razón por la cual hay pocos insectos y polillas es porque la temperatura de muchos grados bajo cero es más de lo que puedan soportar.
Hacia el norte, en la Biblia, siempre ha simbolizado el camino de prueba y tribulación. Por eso Dios está diciendo a Su pueblo en esta hora: “Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte” (Dt. 2:3). Y al apresurarse hacia el norte por el camino de prueba y tribulación., todas las "serpientes" serán matadas por el frío -- las serpientes espirituales, los pequeños espíritus engañadores que han hecho tanto estrago en el Cuerpo de Cristo durante todos estos siglos. Los insectos y polillas que han roído al árbol de la vida en el pueblo de Dios durante tantos siglos perecerán en el frío y la dificultad del -camino. Así que, para aquellos quienes permanecen hasta el fin, como dijo Jesús, los que llegan al final del camino, ellos morarán en medio de una comunión que será la manifestación de la gloria de Dios. Fue dicho de los hijos de Israel en la edad del Antiguo Testamento cuando pasaron el Jordán a su tierra prometida, que no había ningún enfermo ni débil entre ellos. Será dicho de este pueblo de Dios que llega finalmente al final de la Calzada de Tribulación, “¡que no había enfermos ni débiles entre ellos!”:
Por esta razón el Espíritu de Dios ha inspirado un coro en este movimiento de Dios de los últimos tiempos, tomado de las palabras del Apóstol Pablo que cantamos para mantenernos atentos a la verdad. Reza así::
“Regocíjate en la esperanza de Gloria,
Y gloria en la tribulación.
Sabiendo que produce en ti,
Ella produce paciencia,
Y la paciencia, prueba;
Y la prueba, esperanza,
Y la esperanza no avergonzará.”:
“La tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba, y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza” (Ro. 5: 3-5). Lo que realmente significa es esto: que mientras nosotros, quienes en este fin del siglo tenemos nuestros ojos abiertos, tomamos el camino difícil, el camino de prueba y tribulación, mientras nos preparamos para dejar nuestras casas lujosas en este sistema mundial Babilónico y salir al desierto en una vida de sacrificio, nuestros amigos, vecinos, parientes, todos piensan que somos necios al no escoger el camino de desahogo y comodidades, y cuando les proclamamos que este es el Camino que nuestro Dios ha provisto para ir a la gloria, se ríen en nuestra cara; pero el fin de esta Calzada de Tribulación revela que cuando hemos viajado hasta el final de ella, ellos son los que serán traídos a confusión de rostro. Nuestro Dios nos vindicará. No nos dejará avergonzados. Al fin ellos verán qué nuestra Calzada fue el camino de vida y que ellos fueron los necios.
Para terminar queremos revelarles la verdad clave que se encuentra en este coro. Comienza con el renglón, “Regocíjate en la esperanza de gloria”, y luego sigue diciendo “y gloria en la tribulación”. Esto revela que la única cosa que debemos anhelar en este mundo y en la cual debemos regocijarnos, es nuestra visión de la esperanza de gloria que está puesta delante de nosotros, y la cual será nuestra cuando lleguemos al fin de esta Calzada de Tribulación, la gloria que se revela en las Palabras de Dios cuando El dice, “El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios”.:
De modo que la única cosa en la cual debemos regocijamos al viajar en este camino es nuestra visión de la esperanza de gloria que está puesta delante de nosotros cuando llegamos al fin del camino. Entonces si queremos gloriarnos en algo, gloriémonos en las tribulaciones que experimentamos en el camino, que nos van a llevar al cumplimiento de aquella visión de nuestra esperanza de gloria.
En tiempos pasados hemos deseado que cada pequeña experiencia de vida que tuvimos en el camino sea lo que hombre carnal llama, “una buena experiencia”. Hemos querido regocijarnos en nuestras experiencias actuales de vida en vez de regocijarnos en la esperanza de gloria puesta delante de nosotros; y en lugar dé gloriar-nos en las tribulaciones que Dios ha provisto para llevarnos a aquella esperanza de gloria, hemos deseado que todo sea fácil y cómodo para poder gloriarnos en eso. Pero Dios, en estos últimos tiempos, va a permitir que lleguemos a una posición de comprensión y verdad donde ya no desearemos que nuestras experiencias diarias sean aquellas en las cuales podemos gozarnos ahora, sino nuestro regocijo total y continuo estará en la visión de la esperanza de gloria que está delante de nosotros; y nuestra gloria estará en las tribulaciones que experimentamos día a día, que son designadas para llevarnos al cumplimiento de aquella esperanza de gloria.:
Por eso, que Dios ayude a cada uno de nosotros a regocijarnos en la esperanza de gloria, y gloriarnos en la tribulación, sabiendo que produce en nosotros la paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergonzará. :
AMEN.:

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